miércoles, 13 de junio de 2007

Se crió en la calle y hoy es abanderado en La Banda

Publicado por Mónica Andrada
El Liberal

Fernando dejó la calle por la escuela. Se convirtió en portador de la bandera nacional con un promedio envidiable y ya está pensando en que el próximo año tendrá que ir al secundario. Quiere ser médico, para curar “a tanta gente que lo necesita y no tiene plata”.
Todos los días a las 7 de la mañana, sin ningún reloj más que su responsabilidad de hermano mayor, Fernando salta de la cama. Sabe que es tiempo de llevar a Ramón, su hermano de 8 años a la escuela especial Thelma Reca, en bicicleta (El chico tuvo un accidente y quedó con algunas secuelas neurológicas). Ahí aprovechará para tomar el desayuno que las maestras de su hermano le tienen preparado; le indicará a Ramón qué hacer con las fotocopias con las cuales trabaja y desandará una vez más las más o menos 20 cuadras que lo separan del Centro Nº 9 Manitos Traviesas adonde él y su hermanita Lucía reciben apoyo escolar y contención psicológica, además de mucho cariño por parte de las maestras Sonia, Paula y, Aurelia, la psicóloga. Al mediodía, la historia será al revés. La bicicleta lo llevará a fuerza de pedaleo a la Thelma Reca, a retirar a Ramón; lo devolverá a su casa, y de ahí con Lucía partirán a la escuela José Manuel Estrada, del barrio Menéndez, adonde Fernando es portador de la bandera nacional y uno de los mejores compañeros. El trabajo en la calle, limpiando los parabrisas, o vendiendo estampitas y golosinas, “por necesidad” (como él mismo lo aclara), hicieron de Fernando un chico desconfiado. Por eso espera a que sus maestras, en las que sí confía, le den el OK para hablar con nosotros. Antes habrá que pedirle permiso también a Alicia, su mamá, con quien vive en una precaria piecita de 2 x 2, sin reboque y con un techo permeable al agua, del barrio Avenida. Una madre Alicia está orgullosa de su hijo. Se apena de sus necesidades económicas, pero agradece a quienes la ayudan permanentemente: desde el hijo de su patrona, quien lo acompañó a hacer algunas tareas de la escuela a Fernando en los primeros grados, hasta la directora de la escuela que lo recibió pese a que no había cursado el Jardín de Infantes, y a todos los maestros que siempre le están acercando ropa, mercadería… Ella sabe leer y escribir “a medias”. Por eso, cuando saca la bolsa de nailon con todos los diplomas y las libretas de Fernando, desde la de primer grado hasta la de 6, no se anima a leerlas. Nos entrega, con orgullo. “Mi mamá sale a trabajar. Antes iba bien temprano y yo me iba a la calle, con otros amigos. Andábamos en Santiago y también aquí en La Banda. Lo hacía por necesidad. Con las monedas que juntaba y que las guardaba en una alcancía, de esas que tienen candado, me compraba zapatillas, ropa”. Fernando es un buen chico. Casi se diría un hombrecito en miniatura. Nada atrevido y, cuando entra en confianza, muy conversador. Por eso, en la calle, además de los habituales retos e insultos, cosechó algunos buenos amigos. “Hay mucha gente que me quiere y me ayuda. Hay gente que vive lado de mi casa que me dice que les avise cuando me falta algo para la escuela. Me compran hojas o corrector. Cuando vendía en el semáforo de la EG3, en el Cruce, había gente que me hacía pasar y me daba café con leche, con medialuna. Así ya volvía a casa para ir a la escuela”, cuenta Fernando. La escuela La escuela siempre fue su prioridad, aún estando en la calle. Cuando no contaba con el apoyo escolar diario de las maestras del Centro N º 9 de Atención a Niños en Situación de Calle, se las rebuscaba para encontrar quién le explicara las tareas. Así se hizo habitué de la biblioteca popular que está cerca de su casa. “Él es un chiquito que nos exige que le enseñemos, incluso temas que todavía no está viendo en la escuela. Le gusta mucho aprender sobre el universo y los astronautas, y hasta de Sócrates y Aristóteles”, dice Paula Santillán. Por las tardes, una vez que regresa de la escuela hace sus tareas y a veces se interna a leer largas horas en la biblioteca. “Me gusta Lengua porque ahí te cuentan historias y te hacen trabajar las oraciones, clasificarlas según distintos criterios, morfológico, semántico y sintáctico. Eso me gusta mucho”, cuenta Fernando mientras tamborilea sus dedos sobre la larga mesa del Centro, como apurado por terminar la charla para poder volver a sus tareas. EL DATO La escuela a la que asiste Fernando se llama José Manuel Estrada, y está ubicada en las calles Lavalle y Cervantes, del barrio Menéndez, de La Banda. Aristóles y Sócrates - Nos contaron que preguntas sobre Sócrates y Aristóteles… Ah, sí. Me dijeron que eran como científicos…nunca se cansaban de estudiar. Por ejemplo, sabían que el cuerpo tiene 206 huesos, que no, pero no se quedaban con eso. Ellos seguían investigando. Estudiaban en cavernas, con la luz de las lámparas. No se cansaban de estudiar, aunque eran viejitos. Esos eran Sócrates y Aristóteles - ¿Y ves tele? No tengo tele, a veces veo los partidos de fútbol en los negocios. Yo soy de Boca, y me gusta jugar al fútbol, aunque no tengo pelota para jugar con mis amigos y mi hermano. - ¿Qué te hace falta? Yyyy… una pelota, me gustaría tener una pelota de fútbol, hojas, correctores y lapiceras. - ¿Tenías pocos juguetes cuando eras más chico? Ahora tampoco tengo.///(El Liberal).

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