jueves, 9 de agosto de 2007

El drama de ser discapacitado en una ciudad no inclusiva

REALIDAD - Existen normas, pero no se cumplen
Publicado por El Liberal

Mientras el común de los ciudadanos cada día sigue su ritmo de vida, en Santiago cientos de personas que padecen algún tipo de discapacidad sufren las consecuencias de ser ignorados por una sociedad que en la letra de las leyes y ordenanzas dice incluirlos, pero que en la práctica se muestra indiferente y en muchos casos los discrimina.
Diariamente hay discapacitados que viven su propia odisea para hacer cosas que para otros son normales y no representan ninguna dificultad, como por ejemplo, el simple hecho de cruzar una calle, utilizar un sanitario, o hacer un llamado desde un teléfono público.

Santiago tiene barreras infranqueables para personas con discapacidad física
Por Josefina Serrano
Pasante de EL LIBERAL

Basta con salir a las calles de la ciudad y recorrer unas pocas cuadras para observar las graves dificultades que tienen los discapacitados para desplazarse con normalidad por Santiago.
Las veredas en mal estado, los carteles mal colocados, o la falta de rampas en las esquinas se convierten en verdaderas barreras infranqueables para cualquier persona con dificultades para moverse por sí misma. A ello se suma la indiferencia colectiva que mira con normalidad que sólo un tipo de gente pueda realizar satisfactoriamente sus actividades y saciar sus necesidades en una comunidad que debería incluir a todos sus integrantes por igual.
A pesar de que hay leyes que promulgan la no discriminación a los discapacitados, se puede ver que las personas con capacidades diferentes no encuentran los espacios adecuados para hacer valer sus derechos y gozar de los mismos beneficios que el resto de la ciudadanía.

Leyes que no se cumplen
En diálogo con EL LIBERAL, el Dr. Juan Carlos Storniolo, especialista en el tema, explicó que estos derechos están perfectamente establecidos en la ley nacional Nº 24.314 de Accesibilidad de personas con movilidad reducida, la que establece como una “prioridad” la supresión de las barreras físicas en los ámbitos urbanos arquitectónicos y del transporte, a fin de lograr la accesibilidad para las personas con movilidad reducida.
El profesional agregó que lamentablemente, éstas “no se cumplen por falta de control, ya que no hay un organismo de contralor en la ejecución de las mismas”.
“La ley puede ser perfecta, pero si los encargados de aplicarla no trabajan en post de la efectividad, ésta queda como un catálogo de ilusiones”, agregó.
Entre los casos más comunes de incumplimiento detectados pueden citarse algunos verdaderamente sorprendentes. Es el de los problemas que deben enfrentar las personas con baja estatura, quienes tienen muchas dificultades para desplazarse por una ciudad que no piensa en ellas.
Sólo para citar un caso puede decirse que en los organismos públicos los escritorios sobrepasan la altura de estas personas, que tampoco pueden acceder por sus propios medios al uso de los teléfonos públicos, a los botones de los ascensores o a los cajeros automáticos.
También se encuentran las personas que tienen problemas en la vista y no pueden cruzar solas la calle, ya que los semáforos no están adecuados para cubrir sus necesidades, sino que sólo funcionan para quienes cumplen con el “prototipo” de individuos instalado en la sociedad.

Sillas de ruedas
A su vez, uno de los casos más usuales, son quienes por algún problema congénito o accidental deben usar silla de ruedas para poder movilizarse. Éstos deben sufrir y luchar diariamente con el mal estado de las veredas y la falta, en numerosos lugares, de las rampas, por lo que muchas veces terminan optando por transitar por la calle, y ponen en riesgo su vida por el paso cercano de los automóviles.
Además de estos problemas que están a simple vista, hay otros que deben enfrentar las familias y personas con capacidades diferentes, como el caso de la educación, ya que muchos chicos no pueden concurrir a las escuelas por dificultades propias del establecimiento, ya sean edilicias, como la ausencia de rampas y ascensores; o la falta de personal capacitado para atender sus necesidades.
Además, no sólo quienes tienen capacidades especiales, sino también los ancianos encuentran barreras al momento de subirse a un colectivo, ya que se detienen lejos del cordón de la vereda, lo que hace más difícil el ascenso y descenso de pasajeros, y una vez arriba deben tratar de encontrar un lugar donde ubicarse, porque los reservados para ellos no
son respetados.


La cifra
2,2 millones - Se estima que más de 2,2 millones de personas tienen algún tipo de discapacidad en la Argentina y la mayoría vive por debajo de la línea de pobreza. Asimismo, sólo el 15% de los alumnos discapacitados está integrado en escuelas comunes.///(El Liberal).

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