martes, 26 de febrero de 2008

Como es enseñar y aprender en el campo

Por Juan Manuel Aragón
Publicado en "El Punto y la coma"

Un maestro rural. Luis Esteban Taboada, hizo notar las sutiles diferencias que hay entre alumnos de escuelas del departamento Pellegrini no muy alejadas entre sí. A la vez. contó acerca de los obstáculos que debe vencer un docente para enseñar en las más difíciles condiciones.

Todos los lunes a las tres de la mañana, durante la época de clases, Luis Esteban Taboada, de 34 años, después de apagar el despertador se levanta de la cama, toma un desayuno ligero, se calza su mochila y arranca su moto enduro con ruedas pantaneras (una "Honda Bross", aclara). En dos días deberá recorrer 300 kilómetros por caminos santiagueños que a veces están duros, otras ásperos y secos si llueve tienen la salitrosa consistencia de un jabón pegajoso. El hombre vive en El Bobadal, departamento Jiménez y no es un motociclista profesional corriendo carreras ni un aventurero recorriendo los caminos santiagueños, simplemente es maestro, como tantos, que enseña en cinco escuelas rurales del departamento Pellegrini. Su escuela cabecera es la de Quebrada Esquina, a cinco kilómetros de Nueva Esperanza, y da clases en otras cuatro como una colaboración. Esas otras son la de San Ramón, Tacko Punco, Las Delicias y Tacko Pozo.

Una división clásica de las escuelas muestra que algunas son de la ciudad así como otras son del campo. Pero esta división tiene sus matices, según se irá viendo a lo largo de la nota con este inteligente maestro, ya que hay diferencias en la enseñanza y el aprendizaje y en las costumbres de los chicos y de sus padres. Lo raro -o no tanto- según Taboada, es que cada una de las cinco, por lo menos en su materia, presenta una característica diferente.

A continuación, los lectores de esta revista se enterarán de las sutiles y no tan sutiles diferencias que hay entre alumnos de escuelas rurales no muy distantes entre sí. según se vaya desgranando una interesante e instructiva conversación con ese docente.

"Si nos fijamos en el mapa, la escuela de Quebrada Esquina está en la parte rural de Santiago. Pero al estar ubicada a 10 kilómetros de distancia de Nueva Esperanza, que es un pueblo grande, para lo que es la provincia, los chicos tienen hábitos de la ciudad. Aunque vivan en el campo. Muestran muy poco interés por aprender, están más ávidos del baile, de las salidas, del alcohol, de todos pecados de cualquier chico de la ciudad. Además de esto debemos lidiar con que no tenemos muchos recursos en la escuela porque es rural y a la vez con alumnos que están en otra cosa: piensan en la salida del fin de semana, en la novia o en el novio. Todo potenciado hacia lo malo que brinda la ciudad, a la parte -digamos- débil de la ciudad. Tenemos muy poco tiempo de clases, en mi caso, de Educación Artística tengo tres horas cátedra, dos horas de reloj, en la semana. En ese tiempo tengo que tratar de enseñar y a veces no tengo tizas u otros elementos, por lo que el problema se hace mucho más grande. Lo bueno de las escuelas rurales es que el personal de la escuela, la gente que está en forma permanente, los que están ahí siempre, son muy buenas personas y nos hacen más accesible dar clases. Eso es lo que nos hace un poquito más fácil la vida como docentes. El drama también es que los alumnos son hijos de peones golondrina, en muchos casos se van a mitad de año o quedan solos y por lo tanto no tienen apoyo pedagógico en la casa, no hay quien los guíe."

La entrevista se realizó hace dos semanas, en El Bobadal, en una humilde casa de barrio que alquila Taboada y en la que vive junto a su mujer y sus tres hijos. Cuando el grabador esté apagado, contará que pudo haberse quedado trabajando en la ciudad, en alguna escuela con todos los elementos y alumnos más predispuestos, pero eligió el campo porque le gusta y como una forma de dar cabida a una vocación profunda que lo acompaña desde siempre. Casi como un monólogo, la entrevista siguió su cauce.

La escuela de Pozo tiene una realidad bastante parecida a la de Quebrada Esquina, porque queda a cinco kilómetros de ella y a quince de Nueva Esperanza. Ahí los chicos no son tanto de ir a los bailes, pero tienen el agravante de que provienen de familias humildes, casi todos sus padres son peones golondrina, tienen sobre edad, es decir que casi todos están uno o más cursos por debajo de lo que les corresponde, tengo algunos alumnos de octavo, que tienen 14, 15 ó 16 años. A eso se le suma que van pasando de curso sin tener las herramientas necesarias para hacerlo. Hay algunos de octavo año, que si se los tamiza, saben como debería saber un chico de cuarto o quinto año. Pero los maestros indican que las familias los presionan para que los hagan pasar de curso o están hace mucho en la escuela y pasan de curso por permanencia y no por saber. En realidad estos chicos son más manejables que los otros, son más humildes, más tratables."

La conversación se desgrana fácilmente con este maestro san-tiagueño. Dirá que a veces debe andar con su moto en segunda y en primera velocidad por el mal estado de los caminos, pero que ahí, en medio de la soledad y a kilómetros de distancia de la próxima casa, siente una gran paz oyendo el silbo de las perdices por entre el bosque, viendo el verde de las plantas. Y sigue:

La escuela de Tacko Punco, está más o menos a 35 kilómetros de Nueva Esperanza. Ahí va un grupo de chicos muy sacrificado. Unos viven muy cerca de la escuela y otros hacen 15 kilómetros en bicicleta para llegar, o van dos o tres hermanos o vecinos en una motito, muchos van a pie. Son chicos que están lejos de la ciudad pero llevan una gran carga sobre sus espaldas: tienen a su alrededor mucho contacto con la religión evangélica. Esa religión los traba en muchos sentidos, porque los pastores o los líderes de esos cultos no tienen una formación real, son gente del pueblo que lee la Biblia según su entender y en base a eso enseñan a los demás. Eso tiene mucho que ver con la escuela, porque hace que los chicos sean muy conos, no se den mucho con los profesores, no hablen demasiado. Hay que sacarles las palabras con un tirabuzón. Todo por la formación evangélica que parece ser que no les permite relacionarse mucho con quienes son de otra religión. Eso afecta el estudio. Un día que estaba conversando con ellos, les preguntaba acerca de sus esperanzas, de los sueños. Y me decían que no conocían qué era, que nadie les había hablado de eso. Para mí, desde la enseñanza de educación artística, fue una tristeza muy grande, porque ¿qué les puedo enseñar del valor subjetivo que tiene una pintura si ni siquiera saben qué es la esperanza o qué es tener sueños en la vida? En lo social, estos chicos son bastante más manejables, porque son muy humildes no hay prácticamente chicos atrevidos o que contesten mal a los maestros, pero al mismo tiempo la religión los hace menos a la par de los otros".

Taboada es un conocedor de la realidad del campo de esta provincia, como que es descendiente de viejas familias de! departamento Pellegrini. Para quienes no lo ubiquen, este departamento está ubicado en el extremo noroeste de la provincia y es cruzado por dos ríos de verano, Horcones y Urueña y tiene una gran influencia tucumana y en menor medida salteña, en la manera de hablar de la gente, en sus modismos y costumbres. La primera parte de la conversación sigue girando sobre las diferencias de los alumnos en cada uno de los lugares que le toca enseñar.

"La escuela de San Ramón está a 55 kilómetros de Villa Nueva Esperanza (uso esta villa como referencia porque es lo que hace que los alumnos se diferencien: es cabecera departamental, ciudad de tercera, con intendente, concejales, iglesias, escuelas, un profesorado terciario, bailes, boliches, confiterías, juegos electrónicos y demás). Cuanto más cerca del pueblo esté, más cambia el alumno. Esta escuela recibe chicos de distintas poblaciones, algunos vienen de 12 kilómetros o más. El pueblo tiene una comunidad bastante heterogénea, evangélicos, católicos y otros sin ninguna fe porque viven en ranchitos aislados y el único contacto con el mundo es cuando salen a la escuela u oyen la radio. Estos chicos tienen una afinidad especial hacia lo artesanal, son capaces de tallar a mano, con un cuchillito y sobre una madera cualquiera, pequeños instrumentos musicales como guitarras, bombos. Estos alumnos, con un soporte adecuado o una beca del Estado, podrían ser grandes artistas, les faltan medios y dedicación. Los alumnos de San Ramón se portan medianamente bien, ahí hay un grupo que no brilla pero intenta aprender. La ventaja que tienen los chicos es que en este lugar siempre se ha tenido contacto con gente de afuera, a diferencia de los de Tacko Punco, porque allí la escuela está metida en el monte a 7 ú 8 kilómetros de la ruta. Al estar el pueblo al lado del camino, los de San Ramón en cambio, están más acostumbrados al trato con los extraños."

Conocedor de algunos de los secretos que guarda el bosque santiagueño, Taboada también ha transitado largamente las calles de la ciudad. Alguna vez sufrió la persecución en los tiempos del gobierno de Carlos Arturo Juárez, pero prefiere callar sobre aquellas épocas. "Me parece que es tiempo de construir, de hacer una provincia más grande, de progresar hacia una vida mejor", dice. Y se queda callado un rato antes de seguir:

"Los alumnos de Las Delicias gozan de la ventaja de tener electricidad en sus casas desde las 6 de la tarde hasta la medianoche. Son chicos que ven televisión, algo que los otros no. A mi entender y en mi materia, son los más aplicados porque vienen de familias que no son tan humildes, que tienen cierto poder adquisitivo porque en cada casa hay un padre que trabaja en la comuna o una abuelita que cobra una pensión y algunos tienen la suerte de no trabajar. Son alumnos que tienen mucho apego a lo artístico en lo musical y en el folklore. Su conducta corresponde con la edad que tienen: no se portan mal, no son atrevidos, no contestan. Cuando llego en mi moto, me ven aparecer en la ruta y salen corriendo a avisarles a los demás y al llegar al patio de la escuela, todos me están esperando en el curso. Al entrar al aula se ponen de pie y no se sientan si no los saludo y no les digo que se sienten. Esto se debe a la educación que les están dando las autoridades de la escuela y a que vienen de familias diferentes, con más acceso a una cultura general. En las escuelas que están cerca de la ciudad hay que arrearlos para que entren al aula, hay que salir a buscarlos por más que sepan que un :egó el profesor, en esta no."

Y entonces el hombre se toma an respiro y convida unos mates a. cronista antes de responder algunas preguntas.

-¿Qué necesitaría para desarrollar con más solvencia sus actividades?

-Nosotros nos encontramos con escuelas muy humildes. La mayoría no tiene letrinas, no tiene electricidad ni agua potable. Además no hay material de soporte para trabajar. El que encuentra una lámina encuentra oro. Necesitaríamos el apoyo del gobierno, que las visitas de las autoridades de educación sean más continuas, no digo que nos vengan a ver siempre, pero que una vez cada dos o tres meses si alguien se da una vuelta nos vendría muy bien. Que vengan y vean cómo estamos trabajando y que nos pregunten "qué necesitan, en qué están trabajando, cómo podemos hacer la vida más fácil para los docentes y sus alumnos". En una de las escuelas en que trabajo, la directora se jactaba porque hacía quince años que no la visitaba un supervisor. ¡Qué triste!,eso no es para ponerse alegre sino para tener pena, porque eso significa que hay un olvido terrible.

-¿Tienen apoyo de los padres de los alumnos?

-Muy poco. El padre del campo es muy diferente del de la ciudad. Es una persona humilde, acostumbrada a no opinar. En las reuniones que se hacen en la escuela, el docente habla, explica. Y es muy raro que el padre pregunte si el docente no le dice "a ver Fulanito, qué opina, qué quiere, qué desea". Es como si los padres estuvieran acostumbrados a no opinar, a dejar hacer. Es muy raro que el padre vaya a la escuela a preguntar cómo anda el niño, como lo hacen algunos de la ciudad.

-Es timidez o porque siempre han sido oprimidos?

-Creo que es una mezcla de timidez, de idiosincrasia y en la idiosincrasia entran la opresión: haber estado toda la vida debajo de un patrón que no pregunta sino que ordena. Y eso lo trasladan a su vida personal. A esto hay que sumarle el hecho de que por ahí es gente que no tiene mucho contacto con el mundo exterior o una vida social activa. Si los cruza por el camino, si no los saluda no lo van a saludar, van a agachar la cabeza. Y no hay una presencia activa de los padres de las escuelas rurales. Esto hace más difícil nuestro trabajo. Uno tiene que atenerse a lo que hay en cada lugar y darle para adelante, como quien dice.

-¿Cuál cree que podría ser el destino o el futuro de sus alumnos?

-La mayoría seguirá estudiando, gracias a Dios. Los que han terminado en Las Delicias, en su gran mayoría van a estudiar el polimodal a Clodomira, a La Banda. Siempre les preguntamos a los hermanos, a la familia. Por supuesto que siguen estudiando los que quieren. Pero últimamente nos hemos encontrado con una gran sorpresa: el año pasado los directores nos contaron que algunos chicos les decían que repetirían el año a propósito. Y hubo muchos casos de chicos que no escribían en los exámenes. ¿Por qué? Porque los padres les dijeron que cuando terminaran no los seguirían apoyando en el estudio, que como eran grandes ya tenían que trabajar. Eso los llevó a repetir para seguir en la escuela y por lo tanto no prestaban atención, no iban a clases, tenían muchísimas faltas. Nos encontramos con ese panorama bastante gris, porque no sabemos cómo actuar. Ellos quieren seguir estudiando, pero como los padres no los van a apoyar, repiten a propósito.

-¿El aislamiento también presenta problemas para enseñar materias como historia, geografía? ¿Cómo se enseña a un niño que tiene un horizonte de cinco kilómetros que existe un mundo que es redondo?

-Un día estaba en una de las escuelas y se me ocurre contarles acerca de la llegada del hombre a la luna. Me miraban con ojos incrédulos y se sonreían. Yo les decía: "¿no me creen que el hombre ha llegado a la luna?". Y uno de ellos me dice "pero si es muy lejos, po". Esos chicos, en el 2007 todavía no creían en los viajes espaciales, en la aventura dd hombre de salir fuera del planeta. Tampoco se pude contar es una hora se llega en avión a Buenos Aires. No le creen, porque su mundo es tan cortito que algunos no conocen Nueva Esperar viven a 10 kilómetros, cor .. únicamente el bosque que los rodea.

-La revolución de la soja ha llegado hasta los lugares donde enseña?

-No está presente porque en algunos lugares se vive del cultivo, la recolección y la venta de la alfalfa. Los afluentes del río Horcones dan agua para regar, son familias que por generaciones se han dedicado a la alfalfa y no han cambiado en los últimos años. Las grandes fincas están del otro lado, de Nueva Esperanza hacia el norte. En Las Delicias no hay cultivos porque en el lugar no hay riego. En Las Delicias, San Ramón, Tacko Punco, son pocos los que cultivan. La gente se queda en el lugar se dedica a la explotación del bosque, ya sea labrando postes o fabricando carbón. Son muy pocos los que se dedican a criar cabras, menos los que se dedican a criar vacas y el resto son trabajadores golondrinas, que cada temporada viajan a San Luis. Santa Fe, Tucumán., Adonde haya un poco de trabajo, ahí van. La huida de los paisanos está transformando muchos pueblos en puestos, lugares que antes tenían 80 casas. Hoy tienen 20 y los que tenían 20 hoy tienen tres. Y hay pueblos que están aglutinando gente, como Nueva Esperanza, que está creciendo a un ritmo increíble, pero la gente no tiene trabajo. Lo mismo que El Bobadal y otros, son un modelo a escala de Buenos Aires. En Nueva Esperanza ias fuentes de trabajo son la municipalidad, los maestros, la policía y la empresa Boix que tiene supermercado, farmacia, panadería. Fuentes genuinas de trabajo no hay. La gente se va a los pueblos aunque siga yendo a las cosechas en otras provincias, por lo demás hace el mismo trabajo que hacía en su casa, en el campo.

-¿Por qué se muda al pueblo entonces?

-Porque cree que le irá mejor. Esta gente se olvida de que yéndose del campo, en Nueva Esperanza no va a tener posibilidades de criar ningún animal. Si no tiene plata para comprar un kilo de carne, no le va a fiar nadie. En el campo, hondeando una paloma o matando un conejo tiene aunque sea para comer. En el campo no subsiste el que no quiere, ahí es demasiado vago el que no come. El campo requiere trabajo para la gente busca el facilismo de la ciudad, pensando en que va a vivir mejor. Y todos sabemos que no es así.///(El punto y la coma).


Un Maestro pendiente de los nublados
Por Luis Esteban Taboada

"Una característica: para enseñar en las cinco escuelas, como mi cargo es itinerante -pertenezco a una escuela y viajo a las otras cuatro- tengo que hacer unos 300 kilómetros por semana para llegar. Lo hago por caminos de tierra o enripiados, cuando llueve muchas veces me he caído de la moto, tengo marcas que lo atestiguan.
Llega un momento del año en que te encuentras muy solo, a nadie le importa si uno se cae de la moto o si hacen 50 grados y anda por esos caminos olvidados y polvorientos a las 2 de la tarde. Son largas las distancias, no es fácil llegar, para llegar a algunas escuelas tengo que entrar cinco kilómetros de puro salitre, mirando el cielo y el reloj. Veo un nublado y sé que si llueve no voy a salir y si no salgo de esa escuela pierdo el presentismo, porque no llego a la otra. Eso también hace dificultosa la tarea, las distancias. Si no hay buenos caminos, sufrimos todos. Y al no tener buenos caminos no podemos manejar nuestros horarios ni andamos tranquilos.
Para dar una cabal idea las cinco escuelas en que enseño están sobre la ruta que sale de La Aurora y llega hasta Nueva Esperanza. Otrora ese camino estaba pavimentado y era muy importante vía de comunicación, los camiones ideaban toda la producción por ahí, pero hoy esa ruta no existe, sin exagerar, tiene más baches que pavimento. Por ese camino también vienen los otros maestros, padeciéndolo en carne propia. Un viaje de Santiago a San Ramón o Las Delicias, que debería durar dos horas, demora cuatro, cinco y hasta seis. Desde Las Delicias a Santiago debe haber unos 140 kilómetros. Se debería llegar en dos horas cuanto mucho. Muchas veces el colectivo se rompe y los maestros quedan sin llegar a tiempo a sus escuelas. Los que conocen, dicen que, por lo menos en los papeles, esa ruta se hizo tres veces hasta Nueva Esperanza, cuando la realidad es que se la construyó una sola vez y hasta Las Delicias. Solamente Dios sabe qué ha pasado con el resto de las obras".///(El punto y la coma).

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